

GINA RAMÍREZ ZÖLLER. Rectora en la Unidad Educativa LEMAS (Guayaquil), Ingeniera en Sistemas Computacionales, y docente en el Instituto Superior Tecnológico LEMAS.
ALISON PAOLA LÓPEZ FLORES. Maestría en Tecnologías de la Información y Comunicación Aplicadas a la Educación, Licenciada en Ciencias de la Educación
y Coordinadora Académica de la Unidad Educativa LEMAS.
Resumen
La Inteligencia Artificial Generativa (IAG) representa el mayor avance tecnológico de los últimos tiempos por la amplia versatilidad que ofrece para facilitar la vida de las personas, incluyendo a los educadores. Su aplicación ha desencadenado una serie de sugerencias y posturas que, por un lado, proponen aprovechar al máximo las bondades de esta herramienta y, por el otro, advierten sobre su uso indiscriminado, sin un marco ético que lo regule.
En el presente estudio se pone en evidencia el uso de la IA en la evaluación de aprendizajes de los estudiantes como uno de los “escollos éticos” a los que la educación debe responder y superar. Para ello se plantea una investigación de campo basada en dos experiencias comparadas dentro del aula, con el fin de analizar las conductas de los estudiantes al elaborar una tarea.
Introducción y antecedentes
La idea de la Inteligencia Artificial (IA) ha existido desde hace mucho tiempo, pero el término en sí fue acuñado en 1956 durante una conferencia en el Dartmouth College. El desarrollo práctico de la inteligencia artificial comenzó en las décadas de 1950 y 1960 con los primeros intentos de crear programas que pudieran imitar la inteligencia humana. Así pues, en 1965, ya la UNESCO nos advertía sobre las “máquinas de enseñar”, como un conjunto de programas desarrollados en los Estados Unidos para guiar a los alumnos en su aprendizaje. Esto implica que, a lo largo del último siglo, hemos venido reflexionando sobre el papel que ejerce la tecnología en el aprendizaje y su impacto en la escuela.
Según Miao et al. (2021), la IA tiene la capacidad de hacer frente a algunos de los mayores desafíos en la educación, de desarrollar prácticas de enseñanza y aprendizaje innovadoras y, finalmente, de acelerar el progreso en la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4. Sin embargo, el debate sobre su uso en la educación ha producido más de una controversia.
Tal como lo expone Williamson (2023), las aplicaciones de la Inteligencia Artificial en la Educación (IAE) tendrían que ser objeto de evaluaciones independientes y utilizarse bajo supervisión. Por otro lado, reconocer los aportes que esta nueva tecnología ofrece en el proceso de aprendizaje es inevitable, especialmente en ámbitos como la inclusividad, la personalización del aprendizaje, el trabajo cooperativo, la automatización de tareas administrativas, e incluso la evaluación del aprendiz.
Bajo este contexto, en la Conferencia Internacional sobre la Inteligencia Artificial y la Educación realizada en Beijing del 16 al 18 de mayo de 2019, los estados miembros de las Naciones Unidas acuerdan promover las respuestas políticas adecuadas para lograr la integración sistemática de la inteligencia artificial y la educación, a fin de innovar la educación, la docencia y el aprendizaje.
En las investigaciones recientes se ha dejado claramente en evidencia el gran potencial que tiene esta tecnología educativa emergente para dar respuesta a situaciones de aprendizaje y evaluación, dentro y fuera del aula.
El presente capítulo busca analizar la incorporación de la IA y la IAE en los procesos evaluativos de aprendizajes, así como la profunda reflexión ética que esto conlleva, desde una mirada práctica centrada en la esencia del ser humano. Puedes leerlo en el Informe Inteligencia Artificial en la Microeducación: Transformando el Aula del Futuro.