Competencias informacionales: ¿la clave del aprendizaje?

Jaume Illa Antich

CRP del Bages

jilla@xtec.cat

http://4ratlles.blogspot.com

RESUMEN

La información y la comunicación desempeñan un papel capital en nuestra sociedad. En este entorno, la consideración de persona formada requiere la adquisición de unas competencias que habiliten al sujeto para el acceso, el uso y la producción de información. El aprendizaje escolar debe fomentar el desarrollo de habilidades informacionales a fin de preparar los chicos y chicas para una sociedad que reclama personas capacitadas en este ámbito.

1. Información y sociedad

La importancia de la información para el desarrollo y la supervivencia de la humanidad no es un fenómeno reciente. Cuando nuestros antepasados eran recolectores, saber qué frutos eran venenosos y cuáles podían comer era una información vital que se transmitía de generación en generación. No menos relevante sería, en su momento, conocer la manera de encender un fuego o la de fundir los metales para darles forma.

A lo largo de la historia se han producido multitud de situaciones en las que se ha generado una teoría nueva a partir de una formulación elaborada años antes por otro investigador (la ley de la gravitación universal de Newton [1642-1727] a partir de las leyes de Kepler [1571-1630] quien, a su tiempo, había utilizado algunas de las hipótesis de Apolonio de Perge [aprox. 262aC-190aC], por ejemplo). En este caso, la información traspasada ha sido la base para el progreso científico.

Algunas organizaciones y estamentos que existen desde hace siglos tienen su razón de ser en la información: las bibliotecas y los archivos, la prensa, el registro civil e, incluso, la escuela.

Entonces, ¿qué es lo que ha cambiado en la actualidad para que hablemos de sociedad de la información, si ésta ya era muy importante antes?

El sociólogo Manuel Castells (2006) introduce el concepto de informacionalismo para designar el paradigma tecnológico actual y señala algunas características que diferencian la situación de este inicio del siglo XXI respecto a otros momentos de la historia: el aumento de la capacidad de procesamiento de información gracias a las TIC, el incremento de la velocidad de las comunicaciones y la flexibilización de la distribución y las posibilidades de recombinación derivadas de la digitalización.

La realidad es que el volumen de información al que tiene acceso un individuo con un dispositivo conectado a Internet es tan grande que, ahora más que nunca, necesita unas estrategias de búsqueda y de organización para satisfacer sus necesidades informativas.

2. Marco curricular

The Partnership for 21st Century Skills es un consorcio creado en EEUU, activo desde el año 2002, en el que participan el Departamento de Educación de aquel país, diversas asociaciones profesionales vinculadas a la enseñanza y algunas de las empresas líderes del sector tecnológico y de las comunicaciones. Su objetivo es fomentar la preparación de los estudiantes para los retos del siglo XXI y ayudar a que los currículos y programas de la educación básica (primaria y secundaria) se centren sobre todo en este aspecto. De forma sintética, podemos decir que su pretensión es que lo que los chicos y chicas aprenden en la escuela y en el instituto sea lo que realmente necesitarán para vivir y trabajar en los próximos años.

A finales de 2009, este consorcio publicó un documento (Partnership for 21 st Century Skills, 2009) en el que se definen y enmarcan los aprendizajes y las competencias que deberían alcanzar todos los estudiantes. La alfabetización informacional tiene un papel destacado, junto con el desarrollo de otras capacidades como la creatividad, el pensamiento crítico, la iniciativa o el trabajo en equipo. Se plantea, además, como un aprendizaje transversal, que hay que abordar desde las diferentes disciplinas tanto en la vertiente de las habilidades como en la de los conocimientos y las actitudes.

En este aspecto hay una cierta coincidencia con los currículos de primaria y de secundaria obligatoria de nuestro sistema educativo, ya que estos establecen que tres de las ocho competencias básicas tienen un destacado componente de alfabetización informacional. Son el tratamiento de la información y competencia digital, evidentemente, pero también la competencia comunicativa lingüística y audiovisual y la de aprender a aprender.

Es fundamental que desde todas las áreas -como debería hacerse con la comprensión lectora y la expresión oral, por ejemplo- se apliquen estrategias que ayuden a desarrollar las habilidades informativas del alumnado. Y eso va mucho más allá de la mecánica de la búsqueda: implica poner en marcha una serie de actitudes y de habilidades cognitivas que permitan la comprensión, la relación, la síntesis y el uso responsable de la información, para acabar creando conocimiento.

3. ¿Es preciso enseñar habilidades informacionales a quienes han nacido rodeados de TIC?

Es cierto que la gran mayoría de chicos y jóvenes de hoy en día tienen un dominio mecánico de las herramientas informáticas que, a menudo, supera el que puedan tener sus padres o sus profesores /as. Pero esto no significa de ningún modo que lo que saben hacer sea realmente útil para dar respuesta a los retos que les plantearán los estudios o el trabajo.

Teorías como la de los nativos digitales (Prensky, 2001) han quedado desdibujadas por estudios rigurosos (Hargittai et al., 2010) que demuestran que las habilidades informacionales de muchos jóvenes que llegan a la universidad no van más allá de hacer un uso parcial de los buscadores.

Es evidente que el profesorado necesita una formación sobre acceso y tratamiento de la información de acuerdo con las posibilidades que ofrecen los medios actuales, pero también es cierto que aquellos docentes que siempre han luchado para que sus alumnos no adquirieran sólo contenidos sino que ejerciten el razonamiento, la argumentación, la claridad expositiva o la diversificación de fuentes utilizadas en sus trabajos, lo tendrán fácil para incorporar las nuevas herramientas a su práctica y aprovechar todas sus ventajas. Simplemente se trata de asumir que los instrumentos han cambiado (lógicamente, hay que conocerlos) y que la manera de hacer las cosas debe adecuarse a la nueva realidad, pero manteniendo unos criterios, unos valores y unas actitudes que los buenos maestros no pierden nunca de vista.

4. Habilidades cognitivas y proceso informativo

Trabajar con información conlleva poner en funcionamiento una serie de habilidades cognitivas. A continuación analizaremos algunas a partir de un ejemplo.

Imaginemos una situación en la que un estudiante debe documentarse sobre un tema para preparar una presentación. Para cumplir esta tarea con éxito deberá poner en práctica una serie de estrategias que le permitan localizar una información, apropiársela (en el sentido de comprenderla e incorporarla a su bagaje personal), usarla debidamente, producir otra nueva y ser capaz de comunicarla. Hará un proceso durante el cual ejercitará y mejorará unas competencias propias de la materia que esté estudiando pero -si la tarea obedece a un planteamiento competencial- también activará unas habilidades de aprendizaje que le servirán a lo largo de toda su formación.

Planificar

Un primer paso de este proceso debería ser la toma de conciencia de la necesidad informativa y, en consecuencia, el planteamiento de una estrategia de búsqueda que contemple, en primer lugar, la consulta de las fuentes. Supongamos que un dato que necesita conocer nuestro alumno es la evolución del número de habitantes de un determinado municipio en los últimos cincuenta años. Antes de lanzarse directamente a un buscador, le convendría reflexionar un momento sobre qué tipo de fuente le puede proporcionar de forma más directa y fiable la información que necesita. Una enciclopedia quizá le daría la población actual pero no la del período que busca. Un artículo de revista, a no ser que trate justamente del último medio siglo, tampoco es fácil que le resolviera el problema. En este caso, pues, quizás la mejor solución sería consultar una web institucional y mejor si está especializada en datos estadísticos. Llegado este punto es cuando debería hacer uso del buscador para localizar la web del ayuntamiento o el de algún organismo oficial que recoja datos de población (Instituto Nacional de Estadística …).

Cuanto más compleja sea la necesidad informativa, más necesaria será una buena planificación, tanto para ahorrar tiempo como para ganar precisión.

Buscar

Cuando una persona -en este caso el estudiante- cree que encontrará la información que necesita en documentos (de cualquier tipología, por supuesto) pero no sabe exactamente en cual, a menudo debe hacer uso de unos instrumentos que le ayuden a localizar aquellas fuentes que, presumiblemente, le pueden ser útiles. Entre estos instrumentos -conocidos como fuentes secundarias en oposición a las fuentes primarias, que son aquellas que proporcionan directamente la información (Fernando y Pérez-Montoro, 2009)-, encontramos los buscadores, los catálogos y las bases de datos.

Al utilizar estos sistemas es conveniente adquirir algunos hábitos que ayuden a hacer las búsquedas más efectivas.

Uno es el uso de la búsqueda avanzada, siempre que sea posible. Es una opción que normalmente incorporan todas las aplicaciones de búsqueda y que permite acotar considerablemente la consulta y, en consecuencia, reducir bastante el retorno de referencias no deseadas. No es lo mismo preguntar por los documentos cuyo título contenga un determinado término que todos los documentos que incluyan dicho término en cualquier parte de su contenido. O requerir que las imágenes buscadas cumplan algunas condiciones en cuanto a tamaño o las posibilidades de reutilización.

Los formularios de consulta avanzada también permiten construir búsquedas complejas, introduciendo condiciones en diferentes campos, de forma bastante intuitiva.

Otro aspecto a considerar son los términos que se utilizan. Además de identificar las palabras clave que concreten mejor el objeto de la búsqueda, a veces hay que pensar en posibles sinónimos u otros términos que, por su vinculación semántica, también nos conviene tener en cuenta. Las palabras o expresiones equivalentes en otros idiomas también pueden ser un recurso cuando se intuye que los resultados pueden mejorar usando otra lengua.

Valorar

Aunque pueda parecer una obviedad, un primer aspecto a valorar sobre la información recuperada es su pertenencia, es decir, si responde realmente a lo que se estaba buscando. En caso contrario, será necesario replantear la estrategia de búsqueda para tratar de conseguir otros resultados.

Entre la información pertinente deberá seleccionar aquella que resuelva mejor la necesidad informativa, pero aplicando, además, unos criterios que garanticen la fiabilidad y la exactitud de los datos.

Uno de los criterios que contribuye a otorgar credibilidad a una fuente es la autoría. No tiene el mismo valor un dato extraído de una fuente oficial que de un blog personal, por ejemplo.

Otro criterio a considerar es la objetividad. Un artículo de opinión no puede tener la misma consideración que un informe hecho con rigor.

Finalmente, vale la pena tener en cuenta la actualización de la fuente, ya que es un elemento que puede distorsionar la información.

Organizar

Retomando el caso del estudiante que recopila información para su presentación, llegamos al punto en que ha encontrado varios tipos de documentos que le pueden interesar. Algo que debe asegurar es el acceso a la consulta de dichas fuentes siempre que lo necesite, por lo tanto tendrá que utilizar algún sistema de referencias y de archivo que le permita tener a mano la información a cuya localización ha dedicado bastante tiempo.

Según la naturaleza de los documentos deberá emplear una estrategia organizativa u otra (descargas, anotación de referencias, etiquetado, carpetas…).

Puede ser interesante alguna aplicación que permita reunir referencias de diferentes tipos de documentos, como por ejemplo Zotero (www.zotero.org) que puede recopilar tanto bibliografía como referencias de sitios web.

También serán muy útiles las herramientas de bookmarking al estilo de Delicious (www.delicious.com), Flinkin (www.flinkin.com), Diigo (www.diigo.com) o Mister Wong (www.mister-wong.es).

Interpretar, evaluar, relacionar, inferir, argumentar, sintetizar…

El uso de la información debería comportar el ejercicio de una serie de habilidades cognitivas que son las que hacen posible la creación de conocimiento.

Si bien la tecnología aporta herramientas que pueden apoyar algunas de estas acciones (hojas de cálculo para interpretar datos o mapas conceptuales para relacionar ideas), lo cierto es que se trata de procesos mentales que hace cada individuo y que tienen repercusión en su aprendizaje. En esta fase se relacionan la experiencia y los conocimientos previos con la información que se incorpora de nuevo y se va procesando.

Según la naturaleza de la tarea a realizar por parte del alumnado se activarán unas u otras habilidades. En consecuencia, para mejorar el nivel competencial de los estudiantes es necesario que las propuestas de trabajo que se hagan impliquen operaciones mentales de cierta complejidad, a través de acciones diversas relacionadas con la utilización de la información.

Estructurar y crear

Si hay que elaborar algún tipo de producto a partir de la información obtenida, recombinada y creada de nuevo, es necesario darle una estructura. Es evidente que no es lo mismo preparar una presentación que elaborar un dossier o crear una base de datos o un sitio web. Una presentación, por ejemplo, obliga a seleccionar las ideas más relevantes y a pensar una forma de comunicarlas que, además de rigurosa, sea atractiva para la audiencia (una estructura del tipo problema-solución puede servir). Un dossier debe estructurarse en apartados y subapartados bien reflejados en el sumario, debe presentar unas conclusiones y aportar las referencias de las fuentes utilizadas para su elaboración. Una base de datos requiere trasladar los contenidos a un tipo muy específico de estructura (tablas, registros, campos, relaciones…). Una web se tiene que pensar a partir de un esquema claro de su contenido, teniendo en cuenta las posibilidades del hipertexto.

Aunque el contenido sea esencialmente el mismo, presentarlo en uno u otro tipo de formato obliga, pues, a darle una estructura diferenciada. En consecuencia, cuanto más diversos sean los formatos en los que se encargan las tareas a los alumnos, más se enriquecerá su capacidad de estructurar la información.

Comunicar

La culminación del proceso informativo llega, probablemente, cuando el sujeto es capaz de comunicar a los demás el resultado de su investigación y de su creación.

Las TIC -y de una forma especial las llamadas herramientas 2.0- han multiplicado los medios de presentación y comunicación. A los sistemas tradicionales, se han añadido una serie de nuevos formatos (videoconferencias, podcasts, Pecha-kucha, microblogging…) que -bien empleados- pueden ser recursos excelentes para reforzar las habilidades comunicativas.

5. Conclusiones

Muchas universidades se han tomado en serio la formación de sus estudiantes en competencias informacionales y, a través de sus bibliotecas -muchas de las cuales han adoptado el modelo de Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación (Universitat Pompeu Fabra, 2010)-, promueven iniciativas de capacitación de usuarios encaminadas a mejorar sus habilidades en acceso y uso de la información.

No hay que esperar la llegada a la enseñanza superior para que el alumnado adquiera la capacidad de saber cuando necesita información, cómo y dónde la puede encontrar, como valorarla y cómo utilizarla. Desde los inicios de la educación básica se pueden empezar a plantear situaciones que requieran obtener información, tratarla y comunicarla. Es importante que las escuelas y los institutos consideren la conveniencia de promover la alfabetización informacional desde todas las áreas, con propuestas de trabajo que ejerciten habilidades cognitivas de orden superior.

Acabo con una referencia a las competencias informacionales extraída del currículo de las escuelas públicas del estado de Carolina del Norte: “Las competencias informacionales incrementan la capacidad de resolver problemas, el pensamiento crítico y creativo, la capacidad de toma de decisiones y el aprendizaje cooperativo, que preparan al alumnado para los retos de nuestra sociedad”.

Referencias

CASTELLS, M. (2006). Informacionalismo, redes y sociedad red: una propuesta teórica. En Manuel Castells (Ed.), La sociedad red: una visión global (pp. 27-75). Madrid: Alianza Editorial.

FERRAN, N. i PÉREZ-MONTORO, M. (2009). Búsqueda y recuperación de la información. Barcelona: UOC.

HARGITTAI, E., FULLERTON, L., MENCHEN-TREVINO, E., YATES THOMAS, K. (2010). Trust Online: Young Adults’ Evaluation of Web Content. International Journal of Communication, 4 (2010), 468-494. Disponible en: http://ijoc.org/ojs/index.php/ijoc/article/view/636/423

Partnership for 21st Century Skills (2009). P21 Framework Definitions. [Consulta: 4 març 2011]. Disponible en: http://www.p21.org/documents/P21_Framework_Definitions.pdf

PRENSKY, M. (2001). Digital Natives, Digital Immigrants. On the Horizon, 9 (5). Disponible en: http://www.marcprensky.com/writing/prensky%20-%20digital%20natives,%20digital%20immigrants%20-%20part1.pdf

Public Schools of North Carolina. Information Skills. [Consulta: 8 marzo 2011]. Disponible en: http://www.ncpublicschools.org/curriculum/information/

Universitat Pompeu Fabra. (2010). De la Biblioteca al CRAI. [Consulta: 8 marzo 2011]. Disponible en: http://www.upf.edu/bibtic/coneixer/qualitat/crai.html

Este artículo fue solicitado por Bits en diciembre de 2010 y aceptado para su publicación en mayo de 2011. Comité Editorial de Espiral.